Dios nos bendiga a todos, somos un pueblo roto que vive bajo armas cargadas. Y no puedo equiparme de armas, no puedo superarlo, no se puede estar a mano, no se puede correr más rápido, ¡no! Y cuando cierre los ojos esta noche, las sinfonías de la noche me cegarán. Al igual que los recuerdos cuando caen en el frío, volviéndose tranmisiones de eco a la distancia, lejos del tu mundo y el mío, donde los océanos sangran en dirección al cielo.
Dios nos guarde a todos. ¿Vamos a quemarnos en el interior de los fuegos de mil soles? Por los pecados de nuestra mano, los pecados de nuestra lengua, los pecados de nuestro padre, los pecados de nuestros jóvenes...¡no!
Y cuando cierre los ojos esta noche las sinfonías de la luz me cegarán.
Levántame y déjame ir.
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